
martes, 28 de abril de 2026· Por José Marin
La casa de barro del pie de monte
Hay constructores en la reserva que no necesitan herramientas. José Marín los conoce bien. Esta mañana, mientras recorría el sector pie de monte, se detuvo frente a un árbol delgado y ahí estaba: pegado al tronco, redondo y firme como una olla de barro cocido, el nido de una merchorita. La abertura circular en el centro lo delataba de inmediato — esa es la firma del hornero, el Furnarius que los viejos del campo llaman así por su oficio de alfarero.
El nido no estaba solo. Alrededor había movimiento, alas y vuelos cortos que van y vienen, señal de que la casa está habitada. Con la vegetación espesa cerrándose por todos lados y la luz de la mañana filtrándose entre el dosel, José levantó la cámara y dejó el registro.
El hornero construye con barro, fibras vegetales y saliva, y levanta una estructura que puede pesar hasta tres kilos — una obra que muchos pájaros más grandes después aprovechan como refugio. Este, en el pie de monte de Fundación Loros, parece estar en pleno uso.
